La educación siempre ha tratado de satisfacer las necesidades de la sociedad. En el medioevo solo unos privilegiados tenían acceso, la nobleza y el clero. La burguesía emergente utilizó la educación como un medio para diferenciarse del resto y acceder a ciertos lugares políticos. Los jesuitas también echaron mano de la educación con el fin de expandir su doctrina. La educación tal y como la conocemos hoy surge entre los siglos XIX y XX cuando muchos gobiernos promulgan leyes que la hacen libre, gratuita y obligatoria.
Sin embargo, la escuela conserva muchos rasgos y métodos que fueron implementados por los jesuitas y pedagogos clásicos. Actualmente una de las críticas que se hace al sistema educativo es el desfasaje que existe entre una sociedad que avanza a pasos agigantados y un sistema educativo casi obsoleto.
Los niños de hoy crecen utilizando la computadora y manejan casi por intuición un teléfono celular; son capaces de hacer más de dos cosas a la vez y tienen al alcance mil maneras de acceder al conocimiento. Sin embargo, la escuela los sigue educando con los mismos métodos y artefactos que usaron con nuestros abuelos.
Eso se ve muy claramente en la materia de Educación Física. Hoy en día esta se encuentra estancada frente al surgimiento de prácticas corporales alternativas que atraen la atención de los jóvenes. Vemos chicos haciendo trucos increíbles en patinetas y bicis; el famoso “parkour” invade las calles de las ciudades europeas y no son pocos los que se inclinan por el baile moderno. Aunque nos cueste reconocerlo, estas son manifestaciones de nuevas formas de usar el cuerpo. No digo de incluirlas en el currículum, pero sí sentar las bases para el desenvolvimiento de los alumnos más allá de los deportes y prácticas tradicionales.
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