domingo, 17 de noviembre de 2013

Caminante, no hay camino...

Hasta la década de los 90 se hacía mucho énfasis en el entrenamiento aeróbico para la población general con fines saludables.  Esta tendencia continúa vigente por la divulgación médica de las famosas 30 cuadras al día. El entrenamiento de la fuerza quedó limitado para los jóvenes en busca del desarrollo de masa muscular y/o el rendimiento deportivo. En 1991 el Colegio Americano de Medicina del Deporte incluyó por primera vez las recomendaciones del entrenamiento de la fuerza. Sin embargo, el chip de la caminata sigue fuertemente instalado tanto en instructores, profesionales de la actividad física y médicos. No se trata de dejar por completo los ejercicios aeróbicos, sino de saber cuándo, de qué forma y en qué casos utilizarlo. Sin necesidad de revisar todos los detalles fisiológicos del método, analicemos lógicamente el siguiente caso. Una persona con sobrepeso importante, debiera acumular al menos unas cuatro horas semanales de carrera o caminata continua, y aun así es insuficiente para generar un gasto calórico significativo. No menos importante es también el impacto que la carrera provoca en las articulaciones debido al exceso de peso corporal, con lo frecuentes que son las lesiones de rodilla en estas personas. Por último, no debemos olvidar que los músculos son los que llevan a cabo la ejecución de los movimientos, pero si éstos no se encuentran debidamente acondicionados, será muy difícil sostener largas sesiones de carrera propuestas. Una vez que se ha pasado por un correcto acondicionamiento y adaptación músculo-esquelética, se puede evaluar la posibilidad de incluir en la planificación los trabajos aeróbicos de larga duración. Si nuestra salud física se limitara exclusivamente a la caminata, los ‘’mira-vidrieras’’ y el cartero serían inmortales.

Artículo publicado e
n el Diario EL SOL
Sa
nta Cruz de la Sierra, Bolivia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario