domingo, 23 de febrero de 2014

Cenar o no cenar, esa es la cuestión.

Seguramente ha escuchado que si quiere evitar el aumento de peso debe eliminar las comidas en la noche. Pero evitar las comidas después de las ocho de la noche no es solo cuestión de estar a dieta sino de cuidar la salud. Cuando usted se acuesta después de haberse servido una comida rica en carbohidratos y proteínas, su cuerpo debe hacer todo el proceso digestivo. Mientras usted aparentemente descansa, su organismo sigue trabajando. Al día siguiente su cuerpo le pide reponer la energía que usó para ese trabajo, pero como tal vez la cena lo dejó con sensación de llenura, decide saltar el desayuno. De esa forma somete a su cuerpo a buscar energía de las escasas reservas que quedan en el hígado. Llegado el almuerzo, se sirve su plato con carnes y carbohidratos y así cree haber compensado a su organismo. Pero tomemos en cuenta que la carne tarda hasta ocho horas en ser digerida y para que nuestro cuerpo haga todo ese complejo trabajo, debe sacar energía de algún lugar. Recuerde que mientras la comida no ha sido digerida no ha llegado a la sangre y por lo tanto, con una cena y un almuerzo suculentos y sin desayuno, nuestro organismo sigue esperando las energías necesarias para continuar funcionando. El error consiste en darle al cuerpo energía en las formas y en los momentos inadecuados. Una cena suculenta le exige trabajo a nuestro cuerpo cuando debería estar descansando y precisamente el desayuno, consistente en alimentos de fácil digestión, es lo ideal para arrancar con fuerza, cuando el organismo más lo necesita. Conclusión, nunca se salte el desayuno e ingiera algo ligero tres horas (no menos) antes de acostarse, porque además, la mayor parte de las calorías consumidas de noche se transforman en grasa. Y eso es precisamente lo que quiere evitar  ¿no?

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Sa
nta Cruz de la Sierra, Bolivia 

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