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jueves, 16 de julio de 2015

EDUCACIÓN física

En los últimos años he tenido la suerte de trabajar en gimnasios a los que acude una población muy heterogénea: desde jugadores de rugby, jóvenes que hacen algo por estética, hasta adultos mayores con déficits de fuerza, equilibrio y alteraciones posturales, cardiológicas, entre otras. 
Trabajar con poblaciones diferentes en un mismo contexto es complicado. Es necesario conocer muy bien aspectos fisiológicos específicos de cada caso para poder programar el ejercicio de la mejor manera y así brindar soluciones y alcanzar objetivos. 
Pero más difícil que esto resulta lidiar con aspectos que tienen que ver con la educación de cada uno de ellos. Los desafíos más grandes a los que me enfrento a diario en mi trabajo, tienen que ver con la poca o nula información que tienen mis alumnos sobre el cuerpo y su cuidado y ni qué decir de las concepciones erróneas del entrenamiento. 

Me preocupa cuando mis alumnos me comentan las barbaridades sin fundamento que leen en las revistas sobre dietas y ejercicio; los malos consejos que han seguido por presión de instructores sin formación alguna o los cuadros depresivos que presentan algunos, fruto de los complejos y fracasos al perseguir el cuerpo perfecto que nos venden permanentemente. 
En estas situaciones es cuando no puedo eludir mi rol como educadora. No basta con programar el ejercicio, diseñar rutinas y controlar los progresos a nivel físico, pues hay un aspecto fundamental por solucionar: la educación. Enseñarles no solo a moverse, sino que sepan por qué es bueno hacerlo; transmitir saberes que puedan tener a disposición por fuera de la clase para tomar buenas decisiones en relación a su cuerpo, la alimentación, el ejercicio o el deporte. Un saber que les otorgue poder de elegir y no dejarse engañar por el marketing y las propuestas superfluas, vacías de sentido. Este es el componente principal de mi trabajo y la dirección que debería tomar la educación física, aun por fuera de los límites de la escuela. 

viernes, 12 de septiembre de 2014

La calidad de la Educación Física

El lunes pasado, Evo Morales advirtió al ministro de Educación que "iban a rodar cabezas"’ si no mejoraba la formación de los profesores de Educación Física de la Escuela Superior "Simón Rodríguez"’ de Quillacollo.
La Educación Física es un tema olvidado en la educación y me parece muy bien que se empiecen a tomar medidas al respecto, pero me gustaría aportar algunas reflexiones sobre el tema.
Un aspecto clave está relacionado con  la forma en que medimos la calidad de la Educación Física. Existe una fuerte tendencia a medir la eficacia de esta asignatura por el nivel de rendimiento deportivo y la cantidad de deportistas nacionales que se forman. Si hay buenos deportistas, entonces la Educación Física es buena.
Yo difiero con este pensamiento pues considero que esta materia no debería tener por fin la formación deportiva, tan solo la motivación para su práctica. Sin embargo, me atrevería a decir que la calidad de la Educación Física es mala por los enormes índices de sedentarismo en la población y las implicancias que esto tiene en la salud pública. Pienso que la mejora en la calidad de la Educación Física debería estar dirigida a capacitar a los profesores para revertir esta situación, porque si el sedentarismo y las enfermedades asociadas siguen incrementando, quiere decir que la Educación Física no está educando el cuerpo ni motivando la práctica de ejercicio físico como un estilo de vida.
La clave parece estar en distinguir el rumbo que toma la Educación Física en pos de objetivos que difieren de aquellos del deporte de alto rendimiento. Ambos necesitan inversión, formación e impulso, pero por medios distintos, pues de lo contrario, seguiremos teniendo bajo rendimiento deportivo y una población inactiva y cada vez más enferma.


Artículo publicado en el 
Diario EL SOL 
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

viernes, 16 de mayo de 2014

La salud que se pierde en la niñez

Las enfermedades crónicas constituyen un problema grave a nivel mundial y si bien es indispensable abordarlas mediante un tratamiento integral que pueda revertir la situación de los pacientes y mejorar su calidad de vida, es más importante aplicar medidas preventivas con la población en general, específicamente en la primera etapa de la vida, la niñez.

Estadísticamente es más probable que un niño sedentario lo sea también cuando llegue a adulto y que por esta razón aumente el riesgo de desarrollar alguna enfermedad asociada a esta condición y a otros malos hábitos también adquiridos en la niñez. Si bien esto no es tan novedoso, lo que quizás le resulte alarmante es que los factores de riesgo asociados a las enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad, se desarrollan en la niñez.

La arterioesclerosis u obstrucción de las arterias,  que normalmente asociamos a personas mayores de 50 años, empieza de forma asintomática entre los nueve y once años. Estudios han llegado a observar en niños sedentarios y con mala alimentación, arterias comparables a las de personas de 40 años. Esto obliga a pensar, tanto a padres como a educadores, en qué estamos haciendo respecto a la enseñanza de hábitos saludables como la práctica regular de ejercicio físico y la buena alimentación.
Se ha comprobado que un gasto de 1.500 calorías a la semana puede revertir el proceso de obstrucción de las arterias, sin embargo los niños se mueven cada vez menos y los padres prefieren darles gusto con hamburguesas y pollo frito en vez de aprovechar esta etapa tan receptiva para consolidar buenos hábitos. Séneca lo dijo en pocas palabras: ‘’Mejor es la salud que nunca se perdió’’, pero al parecer a algunos les gusta tanto las papas, que hasta las prefieren quemadas.

Artículo publicado e
n el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Cómo mover a un adolescente

Para la mayoría de padres y profesores, trabajar con los adolescentes es un dolor de cabeza. Es una edad tan complicada que es mejor dejarlos en paz, porque por muchos que sean los esfuerzos que hagamos, ellos no tienen interés en nada, no tienen energía y les interesa cualquier cosa menos lo que los adultos les ofrecemos. ¿Es realmente cierto esto? ¿No será que esos prejuicios nos predisponen de mala manera a la hora de  abordar la educación?

Las clases de educación física suelen reflejar esta desmotivación y desgano. No les gusta correr; si se les propone un juego lo hacen de mala gana o solo participan los más habilidosos. Sin embargo, vemos los gimnasios repletos de adolescentes que van en busca de músculos más grandes o a las chicas con afanes de moldear sus cuerpos y sentirse más aceptadas en esta etapa tan complicada. Quizás el problema no está en la falta de energía o predisposición de los chicos, sino en la posición de los educadores que no logran generar sentidos que enganchen a los adolescentes. Correr 10 vueltas a la cancha, hacer 50 abdominales no tiene demasiado sentido cuando se trata del hacer por hacer. Pero es así como se propone la mayoría de las tareas. La adolescencia, desde un punto de vista fisiológico, es un momento de gran potencial para el desarrollo de las capacidades físicas, con el ingrediente educativo que el profesor puede incluir. Los adolescentes han sido fuertemente tomados por el mercado y este los avasalla con propaganda relacionada con la estética, el cuerpo ideal, las dietas y métodos mágicos. La clase de educación física es un espacio más de aprendizaje y estos temas deberían ser abordados por el simple hecho de formar parte de la cultura a la que se ven enfrentados.


Artículo publicado e
n el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Dale a tu cuerpo alegría

La educación siempre ha tratado de satisfacer las necesidades de la sociedad. En el medioevo solo unos privilegiados tenían acceso, la nobleza y el clero. La burguesía emergente utilizó la educación como un medio para diferenciarse del resto y acceder a ciertos lugares políticos. Los jesuitas también echaron mano de la educación con el fin de expandir su doctrina. La educación tal y como la conocemos hoy surge entre los siglos XIX y XX cuando muchos gobiernos promulgan leyes que la hacen libre, gratuita y obligatoria.
Sin embargo, la escuela conserva muchos rasgos y métodos que fueron implementados por los jesuitas y pedagogos clásicos. Actualmente una de las críticas que se hace al sistema educativo es el desfasaje que existe entre una sociedad que avanza a pasos agigantados y un sistema educativo casi obsoleto.
Los niños de hoy crecen utilizando la computadora y manejan casi por intuición un teléfono celular; son capaces de hacer más de dos cosas a la vez y tienen al alcance mil maneras de acceder al conocimiento. Sin embargo, la escuela los sigue educando con los mismos métodos y artefactos que usaron con nuestros abuelos.
Eso se ve muy claramente en la materia de Educación Física. Hoy en día esta se encuentra estancada frente al surgimiento de prácticas corporales alternativas que atraen la atención de los jóvenes. Vemos chicos haciendo trucos increíbles en patinetas y bicis; el famoso “parkour” invade las calles de las ciudades europeas y no son pocos los que se inclinan por el baile moderno. Aunque nos cueste reconocerlo, estas son manifestaciones de nuevas formas de usar el cuerpo. No digo de incluirlas en el currículum, pero sí sentar las bases para el desenvolvimiento de los alumnos más allá de los deportes y prácticas tradicionales.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.


jueves, 18 de julio de 2013

Las fases del calentamiento

Siempre hemos escuchado que antes de hacer ejercicio o practicar un deporte es importante que "calentemos". A muchos les resulta tedioso o aburrido porque generalmente la entrada en calor consiste en dar unas vueltitas a la cancha o hacer unos minutos en la caminadora del gimnasio. Sin embargo, el calentamiento previo va mucho más allá del aumento de la temperatura corporal. Cada vez que hacemos ejercicio, sometemos a nuestro cuerpo a un conjunto de estímulos que causan estrés en el organismo. Cuando rompemos con el estado de reposo, nuestros músculos empiezan a demandar más energía, más oxígeno y por lo tanto más sangre. Para ello el cuerpo tendrá que adaptarse a esas demandas y responder de alguna manera. Pero si el cambio es muy brusco el organismo puede que no se adapte de la mejor manera y esto provoque fatiga y tengamos que parar. La entrada en calor tiene la importante función de estimular nuestro sistema nervioso, que por medio de la adrenalina que funciona como "mensajera" avisa al corazón que tiene que bombear más rápido. Se activa también una "bomba selectiva" que hace que la sangre vaya en mayor cantidad a los músculos que se están moviendo más. De esta manera el cuerpo se va preparando para la posterior actividad y el estímulo no llega de manera tan brusca. El calentamiento consta básicamente de  tres fases. Estiramientos de los grandes grupos musculares y movimientos articulares. La segunda tiene que ver con la activación del sistema cardiovascular por medio de trote o desplazamientos variados. Y, por último, movimientos o gestos específicos que vayamos a poner en práctica posteriormente, ya sea un deporte o ejercicios de gimnasia. Un buen calentamiento debe durar entre 10-15 minutos. Esto contribuye a una mejor adaptación al ejercicio además de prevenir lesiones.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

sábado, 20 de abril de 2013

¡Corre, chico, corre!


Si a usted le preguntan si le gusta correr, ¿cuál sería su respuesta? Conozco pocas personas que realmente disfrutan de esta actividad. Cuando recomiendo a mis amigos que salgan a correr, escucho respuestas como "es muy aburrido", "me canso muy rápido", "no puedo aguantar más de cinco minutos seguidos". La realidad es que la gente no corre, salvo alguna vez para alcanzar el micro o cuando estamos llegando tarde a clases; correr dos cuadras es un martirio.
En las clases de Educación Física, las pruebas de resistencia no suelen ser las más esperadas por los alumnos. Odian correr. Lamentablemente esto sucede porque durante años los profesores han dado ejercicios físicos como castigo. "El que llega de último hace 30 abdominales"; "el equipo que pierde da cinco vueltas a la cancha".
Es por esto que los chicos van asociando el ejercicio con el castigo y quizás es por esta razón que nos cuesta tanto empezar el gimnasio o resulta imposible adquirir el hábito de salir a correr; mucho menos disfrutarlo.
Es necesario que las clases de Educación Física enfoquen su atención en generar actividades en las que los chicos puedan descubrir maneras de moverse y usar su cuerpo para que vayan creando el hábito del ejercicio. No podemos esperar que nos guste correr, si durante toda la etapa escolar nos dieron la carrera como castigo. Está bien que jueguen fútbol y practiquen otros deportes, pero no hay que descuidar otras actividades. El propósito del profesor de Educación Física y de cada clase debería ser lograr que los alumnos disfruten cada vez más de correr y de hacer gimnasia.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.  

domingo, 17 de febrero de 2013

¡Fuerrrrrza muchachos!


Siempre hemos escuchado el mito urbano que dice que antes de los 18 años los niños no deben levantar peso porque se van a quedar petizos. Veremos qué hay de cierto y qué hay de falsedad en esta afirmación. El ritmo máximo de crecimiento de un ser humano transcurre entre los 12 y los 14 años. Durante esta etapa se producen cambios hormonales muy significativos, favorables para el incremento de la fuerza, la velocidad y otras capacidades motrices. El aumento de la masa muscular se extiende hasta los 16-20 años en las mujeres y 18-25 en los varones. Es decir, que en un período de cuatro años es necesario que los adolescentes realicen actividades estimulantes del desarrollo.
Un adolescente de 12 o 13 años, varón o mujer, no solo puede, sino que debe ir al gimnasio y realizar ejercicios de fuerza, pero hay que prestar atención a los métodos que utiliza. Es inadmisible que un chico de esta edad levante pesas de 20 kilos, siguiendo rutinas de fisiculturistas, pero existen muchas otras alternativas a los aparatos y otros fierros.
Antes de meterlo al gimnasio a su hijo averigüe si los instructores conocen bien las limitaciones de un adolescente menor para no correr riesgos en relación al crecimiento, desarrollo y maduración de cada chico. La pubertad es una etapa delicada pero a la vez de gran potencial para explotarla al máximo en el campo de la actividad física. Todo depende de aplicar los métodos adecuados. Para salir de dudas, el entrenamiento no altera el crecimiento en estatura, pero sí en composición corporal; es decir, en la reducción de la grasa y el aumento de la masa magra.
Artículo puvlicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia  

viernes, 16 de noviembre de 2012

Este cuerpecito...


Resulta curioso que, cuando se trata de nuestro cuerpo hay un clima general de desinformación, a excepción de los médicos y otros profesionales de esta área. Si sabemos el nombre de un par de músculos ya es mucho; ni qué decir de huesos, articulaciones, metabolismo, etc. Aunque parezca de poca importancia, conocer nuestro cuerpo es fundamental, porque se trata del medio que nos permite movernos de un lado a otro y realizar nuestras actividades diarias. Sin embargo, no lo conocemos ni somos conscientes de la infinidad de cosas que podríamos hacer, porque nadie nos lo enseñó o nunca le dimos la debida importancia.
La Educación Física escolar cumple –o debería  cumplir- un rol importante en esta área, porque es el momento en que los chicos ponen su cuerpo en acción, descubren habilidades y exploran sus capacidades motrices. La Educación Física de la mano de la materia de biología podría lograr grandes resultados. No se trata de convertirnos en anatomistas ni en grandes biólogos, pero sí de aprender lo básico, como por ejemplo, cuáles son los músculos que trabajan cuando corremos, saltamos o pateamos una pelota. Hay muchos ejercicios "tradicionales" que son perjudiciales si no se los hace correctamente y a la larga pueden acarrear complicaciones.
¿Quién dijo que necesitamos de aparatos para hacer ejercicios? Sirven de mucho -si se los utiliza correctamente- pero no son imprescindibles. Si usted supiera la cantidad de ejercicios que puede hacer utilizando solamente su cuerpo, quizás apartaría una hora de su día para hacerlos en casa y sería mucho más consciente de los beneficios que tienen para la salud. Nuestro cuerpo es valiosísimo, pero si no sabemos nada acerca de él, resulta muy difícil cuidarlo.

Artículo publicado en el Diario EL SOL , Santa Cruz de la Sierra, Bol. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Cuerpos ''analfabetos''


Ha causado furor en el mundo pedagógico el documental “La educación prohibida”, una crítica a las bases del sistema educativo y el planteo de la necesidad de cambiar de paradigma que respete la espontaneidad de los niños en la escuela y las formas propias que ellos tienen para aprender, muy distintas a la imposición, el reglazo y el método de “tragar” y memorizar datos. El objetivo es acabar con la competencia y el autoritarismo que han dominado los salones de clase. ¿Y en la educación física cómo andamos? Siempre recordamos esta materia como “la hora del juego”. ¿Recuerda cómo saltaba y gritaba cuando llegaba el profe de “física”? Es la hora en la que descansamos y dejamos de “aprender”, que es sinónimo de dolor y sufrimiento. ¿Pero es que no hay nada que aprender en educación física? Yo creo que sí y no  necesariamente técnicas y reglas deportivas.
Veamos un ejemplo. Usted no contrata un experto para que le sume los gastos de la casa o le escriba una carta a un amigo. Eso lo aprendió en la escuela, en las clases de matemática y lenguaje. Pero nadie sabe hacer ejercicios físicos si no es con la ayuda de un entrenador o un gimnasio. Cómo puede ser que necesitemos a alguien para que nos enseñe a respirar, a correr o a hacer abdominales. Hemos pasado doce años con una materia obligatoria y no sabemos ni lo básico. Es como salir bachiller sin saber leer ni escribir, sumar y restar. Cualquier persona que asistió a la escuela debería conocer ejercicios de estiramiento, de calentamiento y un sinfín de cosas que nos ayudarían a mantenernos en forma, para no quejarnos tanto de la obesidad, el sedentarismo y los problemas de salud. “Mente sana en cuerpo sano”, es una vieja premisa que sigue fallando y la educación debe hacer su trabajo.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

viernes, 3 de agosto de 2012

Mi hijo, el atleta


Las familias tradicionales siempre han soñado con tener un hijo cura, militar, artista o atleta. En los sectores humildes sueñan porque les salga un Messi para que los saque de pobres. Y cuando surge alguno con talento, le quitan la vida de niño con duras sesiones de entrenamiento.


“Mientras más temprano mejor”, suelen decir algunos padres y muchos “fabricantes de medallistas”.
He visto cómo algunos padres, en complicidad con los entrenadores, torturan a los pequeños con metas que desde ya son difíciles para un adulto. A los diez años, estos niños ya tienen un currículum de medallas y campeonatos, pero también he observado, quela mayoría de ellos llegan a la adolescencia, “cuelgan las chuteras“ y dejan todo como un acto de rebeldía, cansados de tanta presión.
No voy a negar que muchas veces empezar temprano es una gran ventaja. Eso sería negar la existencia de un Ronaldo o un Nadal, pero desafortunadamente son casos excepcionales.
Tampoco estoy en contra de la práctica deportiva en los niños, pues ésta les ayuda a cultivar hábitos como la disciplina, el esfuerzo y el respeto.
Con el movimiento, desarrollan sus capacidades motrices, además de combatir el sedentarismo, epidemia que está causando más muertos que el tabaco.
Si lo que busca es que su hijo se convierta en un campeón o que adquiera hábitos deportivos para toda la vida, no hay que obligarlos ni presionarlos.Ellos deben descubrir los deportes a su manera: jugando, corriendo, explorando lo que pueden hacer con su cuerpo. De esta manera, por sí solos o con la guía de sus profesores se inclinarán por un deporte específico y quizás decidan por cuenta propia afrontar el sacrificio y el esfuerzo requerido para sobresalir en lo que les gusta y han elegido hacer.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

miércoles, 11 de julio de 2012

El cuerpo nos pasa factura


El cuerpo sufre todos los días y apenas nos damos cuenta cuando las consecuencias se han vuelto irreversibles: diabetes, hipertensión, obesidad, problemas cardiovasculares, etc, etc. Nuestros hábitos de alimentación y el sedentarismo nos están ocasionando más dificultades de las que podemos imaginar.
Muy pocos conocen la importancia que tiene la actividad física en la conservación de un cuerpo sano y la prevención de enfermedades graves.
El enfoque que se le ha dado a la práctica de los deportes y la gimnasia, la actividad de los centros de estética, clubes y diferentes servicios destinados al cuerpo, poseen una lógica hedonista y de consumo y pasan por alto la transmisión de saberes, buenos hábitos y el gusto por el ejercicio mismo. De hecho, en algunos lugares muchos jóvenes caen en la práctica de regímenes nocivos, consumo de suplementos y productos químicos, sin la debida supervisión de un profesional, todo con el fin de alcanzar modelos de belleza impuestos por la sociedad. El cuerpo esbelto, delgado, firme y fuerte.
La actividad física, si se la practica en forma continua, es beneficiosa para la salud en general. Mejora la calidad de vida y ayuda a retrasar el deterioro del buen estado físico motivado por la edad y la inactividad. 
La Organización Mundial de la Salud recomienda ejercitar el cuerpo diariamente 30 minutos como mínimo en adultos y una hora para los niños.
Es importante que desde el hogar y la escuela se transmitan estos conocimientos para que los pequeños vayan desarrollando el hábito del ejercicio o la práctica de algún deporte y de esa manera evitar complicaciones futuras. La Educación Física también cumple un rol importante. Es necesario que los niños y jóvenes sean orientados por sus profesores en este tema. El cuerpo en algún momento nos pasa factura y es lamentable saber que con un poco de esfuerzo se pudo haber evitado.
Artículo publicado en el Diario EL SOL 
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia