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viernes, 18 de julio de 2014

La máquina del sobrepeso

Los avances de la tecnología han cambiado nuestra forma de vivir, la forma de comunicarnos e incluso de movernos. Hoy en día es más probable que un niño esté en contacto con un celular o la televisión antes de decir su primera palabra. Los padres aplauden cada logro tecnológico de sus pequeños, atribuyéndoselos a la inteligencia evolucionada de los niños modernos. Y no es que proponga una lucha en contra de la tecnología, como aquellos que culpan a los teléfonos de haber acabado con las relaciones y la comunicación. Un estudio realizado en Estados Unidos, comparó el gasto calórico de los niños mientras estos miraban televisión y el resultado fue muy claro: los niños gastan menos calorías mientras están al frente de la pantalla. Algo parecido mostró otro estudio que analizó la actividad cerebral de los niños mientras miraban TV y cuando simplemente caminaban. Los hallazgos fueron aun más interesantes: prender la tele a un niño equivale a apagarle el cerebro, mientras que solamente ponerlos a andar incrementa significativamente la actividad cerebral. Me pregunto cómo hubiese sido si los hubieran expuesto a un juego creativo, si con solo caminar las diferencias fueron grandes. Esto es un claro ejemplo de lo que puede hacer la tecnología, no por sí misma, sino por la decisión de los padres, que por comodidad o desconocimiento, mantienen a sus hijos quietos frente a un aparato, que no solo los expone al sedentarismo y la obesidad, sino que también los priva del movimiento, del desarrollo de su creatividad y de habilidades motrices fundamentales. La obesidad infantil en Sudamérica ya está pronosticada con niveles tan altos como E.E.U.U. y México. No es necesario enemistarnos con la tele; lo grave es hacerle la cruz al movimiento desde tan pequeños. 

viernes, 16 de mayo de 2014

La salud que se pierde en la niñez

Las enfermedades crónicas constituyen un problema grave a nivel mundial y si bien es indispensable abordarlas mediante un tratamiento integral que pueda revertir la situación de los pacientes y mejorar su calidad de vida, es más importante aplicar medidas preventivas con la población en general, específicamente en la primera etapa de la vida, la niñez.

Estadísticamente es más probable que un niño sedentario lo sea también cuando llegue a adulto y que por esta razón aumente el riesgo de desarrollar alguna enfermedad asociada a esta condición y a otros malos hábitos también adquiridos en la niñez. Si bien esto no es tan novedoso, lo que quizás le resulte alarmante es que los factores de riesgo asociados a las enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad, se desarrollan en la niñez.

La arterioesclerosis u obstrucción de las arterias,  que normalmente asociamos a personas mayores de 50 años, empieza de forma asintomática entre los nueve y once años. Estudios han llegado a observar en niños sedentarios y con mala alimentación, arterias comparables a las de personas de 40 años. Esto obliga a pensar, tanto a padres como a educadores, en qué estamos haciendo respecto a la enseñanza de hábitos saludables como la práctica regular de ejercicio físico y la buena alimentación.
Se ha comprobado que un gasto de 1.500 calorías a la semana puede revertir el proceso de obstrucción de las arterias, sin embargo los niños se mueven cada vez menos y los padres prefieren darles gusto con hamburguesas y pollo frito en vez de aprovechar esta etapa tan receptiva para consolidar buenos hábitos. Séneca lo dijo en pocas palabras: ‘’Mejor es la salud que nunca se perdió’’, pero al parecer a algunos les gusta tanto las papas, que hasta las prefieren quemadas.

Artículo publicado e
n el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 

jueves, 20 de febrero de 2014

Cuándo empezar

Hace muchos años que está fuertemente arraigado uno de los mitos más grande en el campo del ejercicio. El prejuicio de muchos padres, entrenadores y la información difundida a través de los medios, con escasa evidencia científica, desaconsejan el entrenamiento de fuerza con pesas en la infancia y la adolescencia, apoyado en falsas teorías como aquélla que asegura que los ejercicios con peso detienen o retrasan el crecimiento de los niños y que prácticas de este tipo los exponen a diversos peligros y lesiones. A pesar de todo ello, son múltiples las evidencias científicas, avaladas por reconocidas autoridades médicas y de las ciencias del ejercicio, que indican que las actividades que comprenden ejercicios de fuerza, pueden ser seguras, efectivas y atractivas para niños y adolescentes. Durante la pubertad es cuando se produce el mayor aumento de masa ósea, alcanzando un pico máximo hacia los 18-20 años de edad. Lo que es interesante resaltar es el papel fundamental que cumple el ejercicio físico en relación a la salud de nuestros huesos. Se ha comprobado que los niños y púberes más activos presentan un pico máximo de masa ósea mayor que sus pares sedentarios, además de presentar huesos más grandes y resistentes a las fracturas. Esto se debe, en parte, a que el desarrollo de la masa muscular durante el crecimiento es proporcional al incremento de la densidad mineral ósea. Esto resalta la importancia de la actividad física desde la infancia, en la adolescencia en contraposición a aquél mito que asegura el retardo en el crecimiento.
El ritmo máximo de crecimiento de un ser humano transcurre entre los 12 y los 14 años. Durante esta etapa se producen cambios hormonales muy significativos, favorables para el incremento de la fuerza, la velocidad y otras capacidades motrices. El aumento de la masa muscular se extiende hasta los 16-20 años en las mujeres y 18-25 en los varones. Es decir, que en un período de cuatro años es necesario que los adolescentes realicen actividades estimulantes del desarrollo. Como hemos visto, el entrenamiento de la fuerza va más allá de fines estéticos. La capacidad muscular es de suma importancia para el mejoramiento de la aptitud física. El músculo es un importante órgano del cual depende gran parte de nuestra salud neuronal, hormonal y metabólica. La obesidad infantil ya es una epidemia no sólo en Estados Unidos, sino que se extiende a pasos agigantados en los países latinoamericanos. El ejercicio físico, acompañado de una adecuada alimentación, son elementos esenciales que deben formar parte de la vida de chicos y adultos. El único riesgo que ha sido indicado por estos estudios son las lesiones por mala técnica de ejecución de los ejercicios y/o el uso indiscriminado de los pesos. Esto señala la gran responsabilidad que deben afrontar los profesores e instructores de gimnasios, quiénes además de conocer los fundamentos y principios del ejercicio, deberán dedicar gran parte de tiempo a la enseñanza de los ejercicios, única forma de evitar lesiones en los practicantes. Por otra parte, debemos saber que los aparatos y las pesas no son los únicos elementos para llevar a cabo esta tarea. Actualmente muchos gimnasios cuentan con diversos materiales alternativos y ejercicios con el propio cuerpo que estimulan perfectamente el sistema músculo-esquelético. En conclusión, si el entrenamiento es adaptado y racionalmente diseñado por un profesional, niños a partir de edades capaces de entender órdenes e instrucciones, pueden y deberían entrenar la fuerza muscular. Artículo publicado en la Revista Puro Hierro Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

martes, 26 de noviembre de 2013

Cómo mover a un adolescente

Para la mayoría de padres y profesores, trabajar con los adolescentes es un dolor de cabeza. Es una edad tan complicada que es mejor dejarlos en paz, porque por muchos que sean los esfuerzos que hagamos, ellos no tienen interés en nada, no tienen energía y les interesa cualquier cosa menos lo que los adultos les ofrecemos. ¿Es realmente cierto esto? ¿No será que esos prejuicios nos predisponen de mala manera a la hora de  abordar la educación?

Las clases de educación física suelen reflejar esta desmotivación y desgano. No les gusta correr; si se les propone un juego lo hacen de mala gana o solo participan los más habilidosos. Sin embargo, vemos los gimnasios repletos de adolescentes que van en busca de músculos más grandes o a las chicas con afanes de moldear sus cuerpos y sentirse más aceptadas en esta etapa tan complicada. Quizás el problema no está en la falta de energía o predisposición de los chicos, sino en la posición de los educadores que no logran generar sentidos que enganchen a los adolescentes. Correr 10 vueltas a la cancha, hacer 50 abdominales no tiene demasiado sentido cuando se trata del hacer por hacer. Pero es así como se propone la mayoría de las tareas. La adolescencia, desde un punto de vista fisiológico, es un momento de gran potencial para el desarrollo de las capacidades físicas, con el ingrediente educativo que el profesor puede incluir. Los adolescentes han sido fuertemente tomados por el mercado y este los avasalla con propaganda relacionada con la estética, el cuerpo ideal, las dietas y métodos mágicos. La clase de educación física es un espacio más de aprendizaje y estos temas deberían ser abordados por el simple hecho de formar parte de la cultura a la que se ven enfrentados.


Artículo publicado e
n el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 

viernes, 25 de octubre de 2013

Mientras más 'carne', más hueso.

Siempre que pensamos en nuestros huesos lo asociamos automáticamente con el calcio. Por eso consideramos importante el consumo de lácteos y otros alimentos que aporten las cantidades necesarias. Ya en la adultez, en el embarazo o la menopausia, comienza a preocuparnos más el tema de la osteoporosis, enfermedad que produce la pérdida de masa ósea que hace nuestros huesos más débiles y más propensos a fracturas. 
Durante la pubertad es cuando se produce el mayor aumento de masa ósea, alcanzando un pico máximo hacia los 18-20 años de edad. A partir de este momento comienza una pérdida de masa ósea del 0.5 al 1% anual; en la mujer, esta pérdida se exacerba con la menopausia.

Lo que es interesante resaltar es el papel fundamental que cumple el ejercicio físico en relación a la salud de nuestros huesos. Se ha comprobado que los niños y púberes más activos presentan un pico máximo de masa ósea mayor que sus pares sedentarios, además de presentar huesos más grandes y resistentes a las fracturas. Esto se debe, en parte, a que el desarrollo de la masa muscular durante el crecimiento es proporcional al incremento de la densidad mineral ósea. Esto resalta la importancia de la actividad física desde la infancia, en la adolescencia y sobre todo después de los 20 años que comienza la pérdida, no sólo de masa ósea, sino también de músculos. Esto incide directamente en el riesgo de caídas y fracturas en la vejez, debido a la disminución de fuerza muscular y fragilidad de los huesos. La ingesta de calcio no es suficiente para mantener la salud de nuestros huesos, además de que u
n exceso de calcio podría provocar la formación de cálculos renales debido a alteraciones en su metabolismo, producto del sedentarismo. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Dale a tu cuerpo alegría

La educación siempre ha tratado de satisfacer las necesidades de la sociedad. En el medioevo solo unos privilegiados tenían acceso, la nobleza y el clero. La burguesía emergente utilizó la educación como un medio para diferenciarse del resto y acceder a ciertos lugares políticos. Los jesuitas también echaron mano de la educación con el fin de expandir su doctrina. La educación tal y como la conocemos hoy surge entre los siglos XIX y XX cuando muchos gobiernos promulgan leyes que la hacen libre, gratuita y obligatoria.
Sin embargo, la escuela conserva muchos rasgos y métodos que fueron implementados por los jesuitas y pedagogos clásicos. Actualmente una de las críticas que se hace al sistema educativo es el desfasaje que existe entre una sociedad que avanza a pasos agigantados y un sistema educativo casi obsoleto.
Los niños de hoy crecen utilizando la computadora y manejan casi por intuición un teléfono celular; son capaces de hacer más de dos cosas a la vez y tienen al alcance mil maneras de acceder al conocimiento. Sin embargo, la escuela los sigue educando con los mismos métodos y artefactos que usaron con nuestros abuelos.
Eso se ve muy claramente en la materia de Educación Física. Hoy en día esta se encuentra estancada frente al surgimiento de prácticas corporales alternativas que atraen la atención de los jóvenes. Vemos chicos haciendo trucos increíbles en patinetas y bicis; el famoso “parkour” invade las calles de las ciudades europeas y no son pocos los que se inclinan por el baile moderno. Aunque nos cueste reconocerlo, estas son manifestaciones de nuevas formas de usar el cuerpo. No digo de incluirlas en el currículum, pero sí sentar las bases para el desenvolvimiento de los alumnos más allá de los deportes y prácticas tradicionales.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.


Los niños y el deporte

Algunos de los aspectos fundamentales para trabajar con los niños son la coordinación, el equilibrio y la motricidad. El papel que cumplen los deportes en la etapa infantil no es el entrenamiento exhaustivo para formar campeones olímpicos, sino estimular el aparato motriz de los niños de forma variada, a través de múltiples técnicas, gestos y movimientos que impliquen todo el cuerpo, en conjunto con el sistema nervioso que es el que controla el trabajo de nuestros músculos.
Muchos padres optan por los deportes más tradicionales como el fútbol, el básquet o la natación. Con los deportes de contacto prefieren no meterse ya que temen que esta práctica fomente en sus hijos actitudes violentas o agresivas; que se hagan peleadores y eso les traiga problemas en la escuela y en la vida.
Sin embargo, en muchas disciplinas de las artes marciales, antes de entrar en combates y todo eso que vemos en la tele, el entrenamiento consiste en todo un proceso que busca la disciplina, el autocontrol, el respeto, la puntualidad, el servicio y sobre todo, a tomar conciencia del uso de las artes marciales exclusivamente en el ámbito deportivo.
Desde el punto de vista físico, los primeros pasos en el Taekwondo, por ejemplo, sirven para el desarrollo de una serie de técnicas donde se trabaja la lateralidad, la coordinación, la flexibilidad y la fuerza, aspectos muchas veces descuidados a estas edades, necesarias para el posterior aprendizaje de técnicas y gestos más complejos. Estas actividades les vienen bien a aquellos chicos hiperactivos que necesitan descargar energías, pero también para moldear su carácter y trabajar la concentración, la responsabilidad y la constancia.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

viernes, 19 de julio de 2013

¿'Fisicudo' o 'fuerzudo'?

Existe mucha controversia y varios mitos instalados en el sentido común acerca del desarrollo de la fuerza y el aumento de la masa muscular. Algunos creen que es lo mismo y se cometen muchos errores a la hora de planificar un entrenamiento. En todo caso, lo mejor es aplicar el viejo refrán de que “no todo lo que brilla es oro” y el dicho popular de que “el tamaño no es documento”. Veremos por qué.
Es necesario entender que desarrollar la fuerza no es lo mismo que aumentar la masa muscular; ambas implican procesos fisiológicos distintos y no son necesariamente condicionantes una de la otra.
El aumento de la masa muscular depende en gran parte de la testosterona, por eso los hombres tienen condiciones hormonales favorables para aumentar el volumen de sus músculos. Por otro lado, la testosterona no condiciona el aumento de fuerza. Las mujeres con muy bajo nivel de esta hormona deben y pueden desarrollar altos niveles de fuerza.
También descartamos la idea de que los niños no pueden hacer ejercicios de fuerza porque hormonalmente no están en condiciones. La fuerza depende casi exclusivamente de procesos neuromusculares; es decir, que nuestro cerebro es capaz de mandar señales y reclutar más fibras musculares para ejercer tensión. La fuerza se puede y se debe trabajar a todas las edades, pero con los medios apropiados. Para que le quede más claro: el fisiculturismo, por ejemplo, con muchos anabólicos de por medio, le interesa aumentar la masa muscular, pero eso no implica que tengan fuerza de búfalo. No es lo mismo ser "fuerzudo" que solo "fisicudo", aunque no le recomiendo confiarse mucho a la hora de enfrentarse con esas moles de musculatura. Ellos también tienen lo suyo y siempre serán más “fuertes” que alguien que se pasa el día sentado sin ejercitar los músculos.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 

jueves, 18 de julio de 2013

El deportista se hace

Si algo está comprobado científicamente, habrá que creerle; todo lo demás resulta un comentario de pasillo. "Estudios indican…", "Los científicos descubrieron…", suelen ser las frases que más nos atrapan cuando leemos alguna revista o artículo en internet.  El deporte no es un tema que escape a la ambición científica de dar respuestas definitivas a las inquietudes que tenemos. Y así es como se pasan meses en laboratorios tratando de encontrar el gen, la hormona o el vaya a saber qué partícula del organismo humano hace que un Messi sea el mejor futbolista o un jamaiquino sea el más veloz del planeta. Escuchamos también que existe un gen del talento deportivo, los biotipos perfectos o factores biológicos  que hacen que los kenianos tengan éxito en las carreras de fondo y las ultramaratones. Desde este punto de vista, podríamos pensar que cuentan con una especie de ventaja y condiciones superiores para destacarse en ciertas disciplinas.
Sin embargo, creer que un gen, una enzima u hormona determine el éxito deportivo, sería ignorar que hay otros factores socioculturales, económicos y políticos que inciden directamente en las inclinaciones y decisiones que toma un ser humano. El deporte es una construcción social, no existe desde siempre. Maradona no tenía un gen que lo hizo uno de los mejores futbolistas de la historia, pero sí nació en un país donde el fútbol es casi una religión y era posible hablar de ir a un Mundial y ser campeón. Distinto sería si hubiese nacido en Estados Unidos; probablemente se hubiera inclinado más por el béisbol o el fútbol americano (básquet... lo dudo). Hay algo más allá de lo biológico que crea las posibilidades para que un Djokovic sueñe con ser el mejor tenista del mundo. Podemos tener un potencial para hacer algo, pero si no se entrena con constancia, no servirá de nada.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 

domingo, 17 de febrero de 2013

¡Fuerrrrrza muchachos!


Siempre hemos escuchado el mito urbano que dice que antes de los 18 años los niños no deben levantar peso porque se van a quedar petizos. Veremos qué hay de cierto y qué hay de falsedad en esta afirmación. El ritmo máximo de crecimiento de un ser humano transcurre entre los 12 y los 14 años. Durante esta etapa se producen cambios hormonales muy significativos, favorables para el incremento de la fuerza, la velocidad y otras capacidades motrices. El aumento de la masa muscular se extiende hasta los 16-20 años en las mujeres y 18-25 en los varones. Es decir, que en un período de cuatro años es necesario que los adolescentes realicen actividades estimulantes del desarrollo.
Un adolescente de 12 o 13 años, varón o mujer, no solo puede, sino que debe ir al gimnasio y realizar ejercicios de fuerza, pero hay que prestar atención a los métodos que utiliza. Es inadmisible que un chico de esta edad levante pesas de 20 kilos, siguiendo rutinas de fisiculturistas, pero existen muchas otras alternativas a los aparatos y otros fierros.
Antes de meterlo al gimnasio a su hijo averigüe si los instructores conocen bien las limitaciones de un adolescente menor para no correr riesgos en relación al crecimiento, desarrollo y maduración de cada chico. La pubertad es una etapa delicada pero a la vez de gran potencial para explotarla al máximo en el campo de la actividad física. Todo depende de aplicar los métodos adecuados. Para salir de dudas, el entrenamiento no altera el crecimiento en estatura, pero sí en composición corporal; es decir, en la reducción de la grasa y el aumento de la masa magra.
Artículo puvlicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia  

viernes, 3 de agosto de 2012

Mi hijo, el atleta


Las familias tradicionales siempre han soñado con tener un hijo cura, militar, artista o atleta. En los sectores humildes sueñan porque les salga un Messi para que los saque de pobres. Y cuando surge alguno con talento, le quitan la vida de niño con duras sesiones de entrenamiento.


“Mientras más temprano mejor”, suelen decir algunos padres y muchos “fabricantes de medallistas”.
He visto cómo algunos padres, en complicidad con los entrenadores, torturan a los pequeños con metas que desde ya son difíciles para un adulto. A los diez años, estos niños ya tienen un currículum de medallas y campeonatos, pero también he observado, quela mayoría de ellos llegan a la adolescencia, “cuelgan las chuteras“ y dejan todo como un acto de rebeldía, cansados de tanta presión.
No voy a negar que muchas veces empezar temprano es una gran ventaja. Eso sería negar la existencia de un Ronaldo o un Nadal, pero desafortunadamente son casos excepcionales.
Tampoco estoy en contra de la práctica deportiva en los niños, pues ésta les ayuda a cultivar hábitos como la disciplina, el esfuerzo y el respeto.
Con el movimiento, desarrollan sus capacidades motrices, además de combatir el sedentarismo, epidemia que está causando más muertos que el tabaco.
Si lo que busca es que su hijo se convierta en un campeón o que adquiera hábitos deportivos para toda la vida, no hay que obligarlos ni presionarlos.Ellos deben descubrir los deportes a su manera: jugando, corriendo, explorando lo que pueden hacer con su cuerpo. De esta manera, por sí solos o con la guía de sus profesores se inclinarán por un deporte específico y quizás decidan por cuenta propia afrontar el sacrificio y el esfuerzo requerido para sobresalir en lo que les gusta y han elegido hacer.

Artículo publicado en el Diario EL SOL
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia